La música pasaba sin pena ni gloria por los oídos de Montero, pero todo cambió cuando su pastor, Raúl Vargas, de la comunidad cristiana Oasis de Esperanza, le regaló una guitarra en 1976.

No sabía tocarla, pero pasaba sus uñas por las cuerdas. El peor intento era el que no se hacía y, con empeño, consiguió sacar unas cuantas notas, que acompañaba, sin querer, con su voz.

Así comenzó una travesía por el canto que lo llevó a convertirse en el intérprete cristiano costarricense más conocido de la escena latinoamericana y le ha dado dos nominaciones a un Grammy Latino.

La primera fue en el 2010 con su trabajo Devoción (2009), en la categoría de mejor álbum cristiano. En esa misma modalidad, buscará su primer gramófono este 20 de noviembre con su producción La carta perfecta - en vivo (2013).